Cuando cae la noche,
quedo solo yo.
Quedo solo, como quedan solas
las tórtolas viudas
que se lamentan al ocaso,
como permanece el gato
de vista aguda
fijado
en una polilla,
como flota la polilla
entre polvos opacos
que cubren los flojos aires
tras la estampida de las hordas.
No suelto tu mano,
no la suelto
mientras puede mi mente
contar segundos, horas
(confirmame vos
si se da igual
cuando no te miro).
Conservo mi soledad,
como un “alma solitaria”,
pero aquí yazco.
Yazco a tu lado,
susurrando una canción
y esperando secretamente
tu vigilia
a las tres de la mañana
para tomarnos un café
y contemplar el amanecer,
cantar como las tórtolas
por este mundo
de papel.
Tonta emoción.
Dícese que sólo es libre
quien esta solo,
solo con su respiración
y sólamente respirando.
Sólamente espero en mi estación
al tren de mi canción,
espero solo en la estación
a algún tren, cualquier tren
a ese cuarto
en mi cabeza.
Contemplaré, pues, la lluvia,
mediré el grosor de sus cortinas
sobre la ventana
y anotaré un haiku
inútilmente.
Mis talismanes me protegerán,
mis rituales darán fortaleza
a mi espíritu.
Pero seguiré
terriblemente solo,
y lejos de mi hogar.
-Andrómeda
pista: sostené mi mano